sabato 22 agosto 2009

Vejez

De hace tiempo que me vengo preguntando sobre lo que será la vida de un anciano. En particular lo hago mirando a mis abuelos. Es inevitable, entonces, imaginarme si me pasará lo mismo que a ellos o no. Con esto no me refiero solo a los achaques físicos, ya que doy casi por descontado que los tendré, siendo que algunos los heredé desde temprano. A lo que voy es vivir cada vez más encerrados. Encerrados por dificultades motorias, psíquicas, infraestructurales, o de cualquier otra naturaleza.

El día a día se vuelve monótono, subir esas escaleras a veces se convierte en toda una empresa y el tiempo nos rinde la mitad o menos de lo que nos rendía antes. No es fácil mantener la casa en condiciones decentes y menos aún lo es salir para hacer trámites (y ya ni hablar para pasear). Sin embargo de algo hay que vivir, aunque eso no se trate de la cotidianeidad. Ese algo son los Recuerdos.

Esos recuerdos están constituidos por los vestigios de lo que ya forma parte de una vida pasada. Para muchos, para la mayoría de los ancianos, ese tiempo se pasó rápido y siempre quedan arrepentimientos por no haberlo aprovechado mejor. Probablemente me pase lo mismo, siendo que a veces ya me sucede y soy jóven.

Me parece curioso que mucho de lo que se puede vivir actualmente constituya parte de dos vidas: la actual y la que echa raíces en el pasado. Habrá que ver con qué perspectiva miramos hacia atrás y cómo evaluaremos nuestras propias acciones.

Otro modo de vivir que noto en algunos abuelos es por intermedio de sus nietos, dadas las dificultades propias. Debe ser duro mirarse al espejo y no reconocerse, cosa que pasa cada vez por tiempos más largos. No es raro ver gente de unos 80, o 90 años de edad. Ahora bien, si a esa gente se la puede considerar anciana desde la edad en que se jubilan (es decir a los 65), es entendible que algunos no vean la hora de pasarse al otro lado o porque se aburrieron, o porque dan por asumido que su tiempo ya pasó. Y tampoco es extraño que uno de los pocos estímulos que les dan fuerzas para no hundirse sean sus nietos.

Personalmente, antes que envejecer y contar los días para mi muerte, prefiero dejar de existir. Ruego para que mi presencia no se prolongue demasiado si me afligen males psico-físicos graves y/o si no tengo nada importante/interesante que hacer. Estoy buscando otro diamante en el desierto: una clepsidra que me sirva para medir el tiempo que tengo a disposición antes que mi existencia me pase por delante sin que me de cuenta del todo de ello y un buen día, al levantarme, mire al espejo y vea una cara envejecida y cubierta de arrugas y ya no más un rostro jóven.

Edito y coloco un cortometraje que vi recién. No me parece particularmente bueno, pero trata del tema.

6 commenti:

Anonimo ha detto...

Pufff... que mal día escogí para leerte esto Seba... Besos lindo!

Jimmy Venegoni ha detto...

Seba, ya sabés, o envejecés o morís joven...joder...prefiero llegar a viejo.
De todas formas es tan paulatino, tan de día a día que no nos damos cuenta y ya caminamos lento, y tomamos las píldoras para la presión, el corazón etcc...
Lo terrible sería envejecer de golpe, ahí sí, una bala y adiós mundo cruel...
Eso sí, tené siempre presente que envejecer es inevitable, ser viejo es tu elección...
Un gran abrazo

Seba ha detto...

No tengo nada en contra de la vejez. Sí me parece insportable si es prolongada y restrictiva. No me molestaría llegar a los 80 si estoy sano (sobre todo del bocho), pero lo que dudo que aguantaría es llegar a los 90 si no tengo estímulos importantes.

Cora ha detto...

yo creo q es algo inevitable y hay que saber llevarlo lo mejor q se pueda...
lo que es cierto, es que el tiempo pasa muy rapido.. y hay que aprovecharlo bien para q al llegar a la vejez no nos arrepintamos de no haberlo hecho...
saludoss

Toni Balaguer ha detto...

Pues los ancianos que he conocido que se mantienen con espíritu joven suelen ser los que mejor están físicamente. ¿Casualidad?, supongo que no.

Probablemente una de las clave sea la misma a todas las edades: tener ilusión en seguir otro día más.

Seba ha detto...

Cierto es, Toni. Por suerte también hay ancianos como los que decís y es por eso que pido tener estímulos como para perseverar en la edad avanzada. Lamentablemente no es fácil tenerlos, sobre todo si hay algún impedimento serio de por medio.