domenica 28 giugno 2009

Viaje de solo ida

Voy a continuar explayándome sobre la muerte. Podrá parecer bastante prematuro, o hasta emo, pero procederé a explicar por qué no es una cosa, ni la otra. Primero: la muerte es un tema fascinante, que fue muy recurrente para los períodos gótico y romántico. Como se trata de algo tan desconocido y poco definido en la imaginación de los vivos, siempre da de qué hablar. Además que prefiero tener en cuenta ahora que algún día llegará la parca a llevarme consigo, antes que empezar a hacerlo con 70, u 80 años y me de terror qué es lo que vendrá. Segundo: me remito a la frase anterior y agrego: no es para nada mi intención pensar en pasarme al otro lado, ya que aún estoy jóven (más allá de lo que diga el médico y de que siempre sostuve tener demencia senil prematura), pero sí creo necesario considerar algo tan básico y a la vez tan misterioso.

¿Por qué lloramos a los muertos? Siempre creí que el ser humano, cuando muestra sus facetas más instintivas, primitivas y animales, demuestra mucho más de lo que él mismo cree. También animales como los elefantes o los primates se ponen "de luto" cada vez que pierden algún ser cercano. Esto creo que deriva de algo que tácitamente sabemos. ¿Por que lloramos, o nos apenamos con la pérdida de alguien, entonces? Simplemente porque en nuestros corazones sabemos que jamás volveremos a ver a esa(s) persona(s).

La muerte llega sin ser esperada. Una serie de casualidades es, a veces, la que determina que yo pueda estar escribiendo éstas líneas, que ustedes las puedan estar leyendo, que puedan ver esa ventana de chat iluminada a la vez que leen, o que puedan darse vuelta y ver una persona que da vueltas por la casa... Me dió mucho de qué pensar el avión que hace poco se cayó en el Océano Atlántico. Esa misma aerolínea y esa ruta son las que yo tomé en mis más recientes viajes a Argentina. Podría haberme pasado a mí tambien, ¿por qué no? En esos momentos es cuando me doy cuenta lo frágil que son los seres humanos.

Por eso hay que darle la razón a Marco Aurelio. Si nos dijesen que vamos a morirnos en 5 minutos, ¿estaríamos satisfechos de nuestras vidas? ¿Pensaríamos que las transcurrimos a pleno? ¿Cuánto creeríamos que podría sobrevivirnos nuesto recuerdo? Es algo que podría pasar, saber que la muerte se le viene encima a uno y no poder hacer nada al respecto. Entonces hay que ver quienes y cómo nos pensarían, una vez que esperásemos a Caronte. Lamentablemente no podemos elegir cuando irnos, pero sí podemos elegir cómo ser recordados, aunque sea por un pequeño grupo de gente. Podemos dejar alguna huella, mas allá que no podamos decidir cuán grande, ni si va a ser eterna e imborrable.

1 commento:

Virgen María ha detto...

No creo que exista un cielo o un infierno, de lo que si estoy segura es que trascendemos, la energía se marcha del cuerpo, los creyentes dicen que es el alma, yo digo que es simplemente la energía. La pregunta es a dónde va o en qué se convierte? eso, amigo, aún no lo se.

Un abrazo, tienes un blog interesante, para pasarse un buen rato leyendo.

María Sánchez